Artista, si perteneces a una secta o ideología, nunca podrás crear arte conceptual
Hablar de arte conceptual es hablar del pensamiento en estado puro. Este movimiento surgió en la segunda mitad del siglo XX con la radical intención de situar la idea por encima del objeto físico; de hacer del concepto —no de la imagen— la esencia misma de la experiencia artística. El arte conceptual no es una técnica, ni un oficio de manos, ni una manufactura del gusto. Es una indagación del pensamiento, un gesto que cuestiona lo que damos por sabido sobre el arte, sobre el mundo, sobre nosotros mismos. Wikipedia+1
Desde este lugar, el arte conceptual solo puede nacer de un espíritu libre de encasillamientos rígidos, de compromisos doctrinales absolutos o de adhesiones que reclaman obediencia. El arte conceptual exige interrogación, no proclamación; apertura, no dogma.
A diferencia de movimientos artísticos estrictamente ligados a estéticas coherentes o cánones técnicos, el arte conceptual se nutre del pensamiento crítico: es una forma de filosofar con imágenes, palabras, acciones o instalaciones. Aquí la obra no se define por lo que se ve, sino por lo que se piensa y por lo que provoca reflexionar en quien la contempla. Autores como Joseph Kosuth dirían que la obra es un encuentro con la idea misma y que el arte es antes que nada una forma de pensar. ilustromania.com
Si un artista se somete a la rigidez de una ideología —entendida como una estructura cerrada de creencias que no admite cuestionamiento— corre el riesgo de encerrar su pensamiento en una celda conceptual. La ideología, al reclamar verdades únicas, restringe el flujo libre de la pregunta, y el arte conceptual depende justamente de esa libertad para explorar, dudar, contradecir, desvestir supuestos.
El arte conceptual no toma partido por dogmas; toma partido por la inquietud reflexiva. Busca provocar la discusión sobre lo que el arte es, o podría ser, y sobre cómo definimos el valor cultural de una obra. Este cuestionamiento constante es inherente a su espíritu, tal como lo fue desde sus primeros precursores, quienes desmaterializaron el objeto para liberar la idea del peso de la mercancía y de los juicios estéticos tradicionales. HA!
Una secta, una doctrina cerrada o un discurso ideológico inflexible exige fidelidad, adhesión y repetición. El arte conceptual, en cambio, demanda pensamiento crítico, duda, ambigüedad y apertura interpretativa. El artista conceptual no se limita a poner en escena un mensaje; invita a que el espectador complete el sentido, a que dialogue con la obra y con sus propias presunciones.
Por eso, si tu práctica artística pretende ser conceptual y al mismo tiempo rehén de una ortodoxia inamovible, te encontrarás atrapado en una contradicción. La esencia del arte conceptual radica en desafiar lo establecido, no en reforzarlo sin crítica. El arte conceptual es un acto de libertad subjetiva y colectiva: una conversación tendida entre el creador, el pensamiento y quien lo mira.
En este sentido, el creador que se afirma en una posición ideológica rígida —sea religiosa, política o doctrinal— se enfrenta a una paradoja. Su obra puede ser comprometida, militante o profundamente crítica, pero no puede ser, en sentido estricto, arte conceptual si no interroga su propio fundamento epistemológico, si no pone en cuestión sus propias certezas.
El arte conceptual, en su raíz más pura, no predica. Explora. No impone. Indaga. Su ser más profundo es una apertura: hacia la pregunta, hacia la contradicción, hacia el diálogo. Por eso, el creador que aspira a lo conceptual debe cultivar antes que nada la libertad del pensamiento, la capacidad de vacilar, de desconfiar de las respuestas fáciles, de hacer de su propia incertidumbre un material artístico.
Así, el desafío mayor no es político ni doctrinal. No está en pertenecer o no a una corriente de pensamiento. Está en ser capaz de pensar tu obra sin muros, sin dogmas, sin certezas absolutas. El arte conceptual es la rebelión silenciosa de la idea contra toda clausura. Y sólo allí donde el pensamiento respira sin restricción florece la posibilidad de una obra verdaderamente conceptual.
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