La Psicología de la Gestalt tuvo una gran influencia en la comprensión de la percepción visual y su aplicación al arte. Uno de sus aportes más significativos es el estudio de las llamadas figuras ambiguas o de percepción multiestable, que muestran cómo la mente organiza estímulos visuales en formas coherentes, incluso cuando esos estímulos pueden interpretarse de más de una manera.
Dos ejemplos clásicos son:
1. El cubo de Necker
Es una figura geométrica que puede interpretarse como un cubo visto desde dos perspectivas distintas. No cambia físicamente, pero nuestra percepción oscila espontáneamente entre una orientación y otra.
Esto demuestra que la percepción no es pasiva: el cerebro interpreta y construye la imagen con base en patrones y experiencias previas.
Aplicación al arte:
Muchos artistas juegan con la ambigüedad espacial o la ilusión de profundidad. El cubismo, por ejemplo, rompe con la perspectiva lineal tradicional y presenta múltiples puntos de vista al mismo tiempo.
2. El jarrón de Rubin
Esta figura puede verse como un jarrón blanco o como dos perfiles negros enfrentados. Es un ejemplo claro de cómo el cerebro elige una figura y un fondo, pero no puede ver ambos al mismo tiempo: se alterna entre una percepción y otra.
Aplicación al arte:
La relación figura-fondo es esencial en composición visual. Artistas abstractos y surrealistas, como Escher o Dalí, exploraron la ambigüedad visual para provocar múltiples lecturas y desafiar la estabilidad de la forma.
Conclusión
Estos experimentos de la Gestalt revelan que la percepción no es un simple reflejo del mundo externo, sino una actividad mental activa y dinámica. En el arte, esta teoría permite entender cómo se forman las imágenes mentales, cómo se produce la ambigüedad y cómo el espectador se convierte en co-creador del sentido de la obra.
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